Arañas

No hay mosquitos en mi cuarto. Hay arañas en mi cama.

No avisan de su presencia, no zumban en tu oreja, son sigilosas, se ocultan, esperan. No les repele tu insecticida, las atrae de igual manera.

Buscan hincar el diente en la piel, vulnerable a su colmillos, a sus fauces, a su veneno corrosivo.

No hay mosquitos en mi cuarto que solo busquen alimentarse, hay arañas en mi cama que solo quieren hacer sangre.

Tejen su tela mientras inocente creo estar a salvo, mientras dormida sueño que las palabras quizás no hieren tanto.

En sus redes me dejo caer, sin saberlo y sin querer.

Cuanto más me resisto más aprieta la seda en mi cuello, con gritos y aspavientos intento zafarme de la red. Mas el sonido es un chivato y las vibraciones danzan serpenteantes por los hilos finos y organizados.

Siento el repiqueteo de sus patitas persiguiendo sin descanso las ondas que las guían hacia mí. Quieren ver dentro de mí, destripar el alma, desvelar temores, declarar complejos.

Hay arañas en mi cama, que me miran con ojos ávidos, feroces y agresivos, me intimidan todos ellos.

El miedo brota, emana como cascada viva a través de los poros de mi piel. El veneno hizo efecto, ya no soy quien quiero ser.

No hay mosquitos en mi cuarto, hay arañas en mi cama. No hay verdad en mi entorno, solo hay miedos en mi ser.

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