Frío metal

El frío metal se adhiere a mi piel, haciéndola suya, como si el objeto extraño formase parte de mi ser.

Al igual que tú. Tu imagen, tu presencia, tu recuerdo, forma parte de mi como la sangre que fluye impasiva por mis venas. Aprisionándome igual que el anillo rodea mi dedo.

Y es triste saber que tu amor fue un calvario que aún sigo arrastrando cual peso muerto, sobre mis hombros la presión de unas cadenas demasiado pesadas, en mi pecho oprimido el saber que es un veneno que me mata.

Sé en carne y hueso que no podré soportarlo, que desistiré en el intento de contener tu hambre voraz por tenerme, que fracasaré ante mis ansias de no caer al inhóspito precipicio y serás tú el que en su regazo me acoja al fondo de este.

Ya intenté escapar del mundo caótico en el que juntos nos arrojamos, y partes de mi murieron en el intento de escalar aquel escabroso acantilado.

Inocente objeto, aparentemente inofensivo en su esencia, mas no lejos de serlo es peligroso, con un halo de penumbra en sus curvas, de sus letras grabadas una maldición subyace.

Debí arrojarlo al vacío, y al dejar que pernoctase en mi mano se convirtió en mi condena.

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