Conversación en verso 

– Recuerdo los días del ayer como si hubieran sido hace solo horas. El olor característico de la esencia envolvente. La Luna en lo alto como aquellos días de antaño. Todo era tan nuestro en aquel paraíso extraño.

– Pierdo y hallo costumbres deleznables, pudiendo sin ser. Acostumbrado a ti como si formase parte de algo inentendible. Pero… ¿Si el ayer se transformase en hoy? No entiendo cómo se resquebraja algo invencible.

– No encuentro respuesta a tus dudas, esas incertidumbres son tan mías como tuyas. Nos distancia el tiempo pasado, pero es como un reflejo de aquel amor tan ansiado. ¿Qué fina línea nos separa ahora? Quizás sea la cordura que ganamos con los años. No prestamos atención a la locura que en aquellos tiempos nos hizo tanto daño.

– La mesura en la cual hastiado me hallo siempre en la carretera no es más que una vana pretensión por causarme fuego interno, siendo mi corazón de madera. Si todo volviese perdería mucho que construí; pero, por dios, nací sabiendo que todo lo que se rompe vuelve a levantarse sin espera.

– Nos encontramos ambos ya levantados, erigimos nuevos mundos yendo cada uno por su lado. Yacen sobre las ruinas de aquella encarnizada guerra. ¿Te atreves sin más a echarlo todo de nuevo por tierra? ¿Qué ganamos destruyendo, cuando podemos mantener la entereza?

-¿Qué ganamos?… ¿Qué se gana aislado en un universo hecho de dos almas semejantes con tonalidad opalina diferente?¿Qué se gana sintiendo un orgasmo en la esencia que haga estremecer cualquier imperante relación que nos rodee?¿Qué se gana teniendo un hogar en el pecho del otro sabiendo que el corazón ahora descansa en cada uno?

– Se ganaría mucho si nuestra unión no fuera un nefasto experimento ya experimentado. Pues si fuésemos dos almas comunes, unidas por el fuego eterno del amor, que en nuestros corazones incesante prende, no perderíamos nunca, solamente ganamos. Pero nuestro caso roza lo absurdo, lo extraño, lo raro. Tan bien sabes como yo que terminaríamos consumiéndonos el uno al otro, viendo arder en nuestros pechos el hogar dulce y cálido, convirtiéndolo de nuevo en polvo sobre papel mojado.

-Yo no tengo prisa, nunca la tuve; no tengo que impacientarme por volver a tenerte o desesperarme por no poder volver; pero si pasara como cuando te saludé y luego decidimos alejarnos, ¿Por qué seguimos hablando, por unas condiciones que impusimos?¿Por nuestro control? ¿O por el maldito destino? Yo me muero cuando te veo y no puedo expresarme como me gustaría pero aún así prefiero dolor en esas cantidades medidas por verdugo que mi sangrar solitario…con tu ausencia.

-No seré yo la que de un paso al frente, ni la que secunde el paso ajeno dado. No seré yo quien rebase la línea marcada, ni seré cómplice de aquel que intente batirla. No seré yo quien rompa el equilibrio entre estos dos mundos dispares, pues me gusta esta armonía.

-Tan ambiciosa en múltiples trayectorias y tan conformista en algo que podría batir las emociones. No daré paso alguno en la dirección que ansío hasta que no quieras caminar por esa senda tú también. 

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